Ser artista independiente hoy es cargar un universo entero en los hombros. Un universo hecho de tareas que antes no existían: producir, grabar, gestionar redes, negociar, hacer prensa, sostener la emocionalidad del proyecto y, además, crear. En una era de sobreinformación y de inmediatez, la pregunta ya no es cómo hacer más, sino cómo sostenerse sin perderse.
Llevo más de 18 años en la escena musical de Medellín desde que fundé Asuntos Pendientes siendo casi una adolescente. Esa experiencia me enseñó que, para crecer, primero hay que hacerse preguntas profundas. Durante años nos reuníamos planear metas, incluso las que parecían inalcanzables. No siempre logramos todo, pero esa disciplina nos dio rumbo y profesionalismo cuando apenas empezábamos.
"¿Qué sabes del futuro de tu compañero de banda... y qué pertenece realmente a la banda?"
En ese camino entendí el valor de la formación: derechos de autor, producción ejecutiva, gestión, empresa. AP Records nació de esa necesidad de convertir intuición en estructura. Y un mentor nos hizo una pregunta que jamás olvidé: "¿Qué sabes del futuro de tu compañero de banda... y qué pertenece realmente a la banda?"
La claridad -aunque sea escrita en una servilleta- es una herramienta de supervivencia.
Como solista tuve que afinar aún más esas preguntas. Cada decisión exige un propósito y una línea de tiempo real. Delegar deja de ser un lujo y se vuelve un acto de salud mental. Porque nada se estanca más rápido que un proyecto donde una sola persona intenta hacerlo todo.
Y en ese proceso, como mujer en la escena, encontré algo invaluable: la red. Con otras amigas artistas creamos el colectivo Caminar de la Mano, un espacio para compartir herramientas, aliviar cargas y acompañarnos en las mismas preguntas que nos atraviesan.
La escena urbana ya nos mostró que la unión fortalece; las músicas alternativas aún tenemos un trabajo pendiente ahí.
Hoy creo que un proyecto independiente no se sostiene con fórmulas mágicas, sino con preguntas sinceras:¿Quién soy como artista y para qué hago música?¿Qué ritmo puedo sostener sin quebrarme? ¿Qué debo delegar para avanzar? ¿Quién camina conmigo?. La clave no es correr para alcanzar la visibilidad, sino detenerse a pensar. Porque un artista no crece por hacer más, sino por preguntarse mejor.